15 de noviembre de 2014

Sin solución

03 Sin solución by Leño- Mas madera on Grooveshark
 A veces pienso que soy yo el raro porque no puedo entender ciertas cosas que mis ojos me obligan a procesar. Y al parecer son cosas de lo más normal a juzgar por el tratamiento que le dan los medios de comunicación y la reacción pasiva y aborregada de los receptores. Sé que igual me meto en camisa de once varas pero, qué coño, hacía tiempo que no lo hacía… y me gusta.

Cantan Leño que  “Las noticias van a peor pero estamos tranquilos frente al televisor”. Y no le faltaba razón hace ya treinta y pico de años. Hace un par de noches me sorprendí viendo las noticias de la noche después de un largo día y la verdad es que me indigné una vez más, casi como cada noche. Al parecer hay varios tipos que se auto inculpan de un asesinato frente a las cámaras de una televisión de un país por todos conocido como “desarrollado” (qué eso también da para una larga charla). Dejando de lado que evidentemente sólo pudo ser uno el autor material del crimen y que parece que sería una especie de premio patriótico nacional el ser declarado como verdadero autor de tal barbarie, mi asombro no deja de crecer al comprobar que la noticia no cuenta nada acerca de las consecuencias penales de tal confesión. Mi sorpresa sigue en aumento cuando ve que la noticia no expone la posición del gobierno ni los estamentos judiciales correspondientes ante semejante barbarie. Mi estupor crece por momentos al no recibir ningún tipo de crítica por parte de los periodistas que dan la noticia tan fríos como de costumbre.

¿De verdad soy tan raro que me indigno ante tal despropósito? Si el hecho de pensar que no existe ninguna razón; repito imperativamente, absolutamente ninguna razón para justificar la muerte a conciencia de una persona a manos de otra me convierte en un bicho extraño, apartado de la realidad de esta sociedad hipócrita en la que vivimos, marginal sociológica  y políticamente hablando,  en definitiva lo que todos entendemos como “raro”, pues sí lo soy. Soy raro porque pienso que nadie, y cuando digo nadie es nadie,  tiene el derecho a disponer de la vida de otro. Porque pienso que son cómplices los que ordenan esos asesinatos, los que los encubren, los que los disfrazan de necesarios para la seguridad del país, los que dan la noticia al mundo entero sin el más mínimo pudor ni crítica, y si me apuran, los que ven las noticias tranquilos frente al televisor.



El asesinado en cuestión, si aún no lo han adivinado, es Osama Bin Laden. Y lo que pasó desde que, por lo visto, a él mismo se le ocurrió estrellar varios aviones en distintos lugares de Estados Unidos y provocar miles de muertes en un asqueroso y cobarde acto de locura terrorista sin precedentes y sin sentido ninguno, se llama venganza. Y la educación que he recibido por diferentes cauces a lo largo de mi vida me dice que eso está mal. Que la venganza es un acto rastrero propio de seres indignos. Y más aún cuando esa venganza consiste en matar a tu oponente.

Al parecer el ser humano es así. Pero yo, con todos mis defectos, me rebelo ante eso.

“Encerrado en mi habitación / la vida parece una dura actuación. / Fumo un cigarro, miro el reloj / mientras el mundo lucha por cualquier razón”
(M. Tena)

Nota: La canción “Sin solución” (con letra de Manolo Tena), que puedes escuchar al comienzo de este post, está incluida en el segundo disco de Leño titulado “Mas madera”. En él se pueden escuchar arreglos que van más allá de la guitarra, bajo y batería que formaban el grupo en sí. Eso es debido a la mano de Teddy Bautista, que les produjo el disco y pensaba que algunos sonidos más modernos les harían conectar más fácilmente con el gran público. El siguiente disco fue “En directo” para demostrar a sus fieles que Leño seguía siendo una banda de rock de barrio que no se vendía por nada. Aún así el propio Teddy formó parte de la banda que acompañó a Leño en esa actuación. Mención aparte merece el solo de Rosendo de esta canción. Bajo mi punto de vista, el mejor de la corta trayectoria de la banda.


            Salud y rock and roll.

31 de octubre de 2014

No hay olvido (Carta a una amiga)

Nos Volveremos A Ver by Andrés Calamaro on Grooveshark


Hola Laura.

Hoy hace ya un año y hace tan sólo un año que te fuiste. Esta frase, que puede parecer muy boba, ha estado muy presente y ha tenido mucho sentido para los que estábamos a tu lado. En muchas ocasiones hemos coincidido en "mira el tiempo que ha pasado" y a continuación en "si es que sólo han pasado tantos o cuantos meses". Para todos, tu marcha, fue un durísimo trago que aún nos cuesta digerir aunque, sinceramente, en el fondo sabíamos que no ibas a poder quedarte por aquí mucho tiempo más. Estos días están siendo amargos por lo significativo de la fecha. Me han venido a la cabeza muchos momentos compartidos y muchos otros que hubiera querido compartir y que, al irte, me dejaste con el agrio sabor de no haber hecho esto o lo otro, de no haberte dicho esto o lo otro, de no haber estado más encima de ti y menos de mi sabiendo por lo que estabas pasando.

El día después de tu marcha fue sobrecogedor. Esos días no quise contártelo, pero ahora ya sabrás que una tía de Ángela muy querida por nosotros también estaba preparando su marcha y se fue el mismo día que tú. Mejor, así ninguna de las dos hicisteis el viaje solas. Se llama Mamen, seguro que os conocisteis en el camino. Como te decía, el día después fue atroz. Nos reunimos en un lugar, muy cercanas las dos familias, para despediros. No veas la de gente que fue a interesarse por ti al enterarse de tu marcha. Experimenté dos sentimientos contrapuestos: desprecio y enfado por los que creía más cercanos y no vinieron, y alegría e ilusión por los que creía más lejanos y vinieron. Ya me conoces, estos últimos me ganaron ya para toda la vida. De los primeros, mejor no hablar.

Fue un día de muchas emociones. Fue ahí, maldita sea y no antes, cuando empecé a caer en la cuenta de las muchas cosas que podría haber hecho de más para que la preparación de tu viaje te hubiese resultado más serena, más cómoda. Para que te hubieras sentido más arropada, más entendida, por la gente más cercana a ti si exceptuamos tu familia, claro. Por cierto, vaya cómo me hicieron sentir todos tus hermanos y tu madre. El cariño que me trasmitieron cada uno de ellos, de su parte y de la tuya, me ponía los pelos de punta y aún me los sigue poniendo. La verdad es que cada vez que me decían algún halago sabía que venía de ti, y eso me hacía sentir mejor. ¿Y tu madre? ¿Qué me dices de tu madre? A la pobre se le escaparon de entre los dedos en apenas unos meses dos de sus sustentos vitales. Pero no te preocupes por ella, está bien atendida por toda tu familia. Yo la llamo de vez en cuando y creo que a ella le hace ilusión que me acuerde. De hecho una vez que la llamé fue en su cumpleaños sin saberlo, así que mira qué bien quedé.

En cuanto al trabajo este año no ha ido del todo mal. Ni de muy lejos como cuando los dos nos enfrentábamos cada día a nuestros guiris a entregarles pisos en plena construcción, con pintores, pulidores y albañiles mezclándose con la mudanza y la ilusión del pobre cliente. ¡Madre mía, qué locura! Pero vamos, nos hemos sacado un sueldecito y eso, tú ya lo sabes, en estos días inciertos ya es mucho. Ah, no sabes a cuánta gente le he dicho, durante todo este tiempo de ausencia, que te tuviste que ir (y sé que seguiré haciéndolo durante un tiempo). Puedes estar tranquila porque mucha más gente de la que imaginas te tiene en estima. Lástima que no puedas agradecerles en persona su preocupación pero no te preocupes que de eso me estoy encargando yo. Ya tendrás ocasión más adelante de hacerlo tú misma.

En los meses siguientes a tu partida nos vimos varias veces con Antonio y los niños. Bueno, “los niños”. Antoñito ya va teniendo poco de “ñito”, y Laura, ya lo pudiste comprobar tú misma, es una chica independiente y muy centrada. A Antonio entre todos le hemos echado una mano en lo que cada uno podía y pudo ir ordenando todo poco a poco. ¿Ves? Estas son una de las cosas que deberíamos haber hecho más cuando podíamos hacerlo: salir a comer, a cenar o lo que sea. Lo hicimos, pero ahora siento que pocas veces. Hace unos días vi en la calle un cartel anunciando la opera Carmen y me trajo a la memoria la noche que fuimos a verla al Cervantes. ¿Te acuerdas? A mí me encantó, pero era un viernes por la noche, después de una larga semana, y los asientos que teníamos no eran de lo más cómodo que digamos. Recuerdo perfectamente la buena compañía por supuesto, la escenografía, la música, los subtítulos con los cuales se podía seguir la historia perfectamente, y los difíciles taburetes altos de bar de pueblo. Por cierto, no lo cambiaría por nada.

A veces aún me parece verte por la calle en algún andar, en algún peinado, en alguna ropa, en algún verso de una canción, que me hace volver a cuando estabas aquí. Cuando lo llevabas todo para adelante, tú sola, hasta que ya no pudiste más y tuviste que dejarlo. Ah, me acabo de acordar de una cosa. ¿Te acuerdas de Araceli, la abogada que era muy simpática y que llevó las compras de varios clientes de Jardín Botánico? Pues vas a flipar. Aparece de guionista en la serie “La que se avecina”. La de los vecinos que te gustaba ver. Te lo cuento en esta carta porque nadie más de nuestro entorno puede apreciar de verdad la graciosa coincidencia de haber estado tratando a esta chica como abogada en el día a día y de pronto verla en los créditos de una serie de televisión tan aclamada. Y claro, cuando me di cuenta un día ya no te lo pude decir porque ya no estabas.

Bueno, no sé cómo despedirme, la verdad. Seguro que me dejo muchas cosas por contarte pero estoy seguro que estás al loro de más de lo que imaginamos por aquí. Menuda eres. Ángela y yo estamos bien. Hemos pasado un año muy difícil, con más despedidas de las precisas, pero nos hemos estado apoyando el uno en el otro y creemos que de momento todo ha pasado. Sabía que esto te iba a alegrar (lo de que ahora ya ha pasado no lo del año difícil, claro).

Laura, feliz cumpleaños con un día de retraso, cuídate mucho estés donde estés y no dudes, porque yo no lo hago, que nos volveremos a ver.

No hay olvido cuando existe
la amistad y el respeto,
el recuerdo de momentos entrañables,
alegrías y secretos.
Nos volveremos a ver
porque siempre hay un regreso.
Por eso, contá con eso.
Pongo mi mano en el fuego por vos.

(J. Larrosa, A. Calamaro)

25 de diciembre de 2013

Navidad, cruel Navidad



         Este año no hubiera querido escribir nada sobre lo que estoy escribiendo pero lamentablemente los acontecimientos me empujan a ello como un suicida al borde de un acantilado agobiado por las circunstancias que le han llevado hasta allí. Cada año se divide naturalmente en estaciones y nosotros las dividimos a su vez en subestaciones más o menos consensuadas. Así, más que de la primavera nos acordamos cada año de la Semana Santa y del Corte Inglés. El verano lo sentimos como la noche de San Juan, los días largos y luminosos, el calor, los helados, las cervezas frías y el descanso vacacional. El otoño llega con la nostalgia del verano a cuestas, las castañas y los primeros fríos. Todos estos acontecimientos y sensaciones nos hacen que cada uno de nosotros percibamos cada momento del año de manera distinta, con momentos comunes pero de forma diferente. Y llega el invierno. Frío, nieve... y Navidad.



         No consigo identificar ningún momento del año con unos sentimientos más crudos y reales. Hace tiempo recuerdo estos días con ilusión, primero por no tener que ir a clases, después por las sorpresas materiales que te esperaban. Incluso, llegado un momento, esperábamos con ilusión la llegada de la Navidad para estar más tiempo juntos parejas, amigos y, por qué no, familia. Fuimos ilusos y caímos en la trampa. La crueldad disfruta más cuanto más inesperada es su llegada. La Navidad nos encandiló cuando éramos tiernos y nos vendió que sus días eran días de felicidad y paz. Y continúa haciéndolo con la gente que se deja. Se ve que la Navidad no tiene televisión, ni periódicos, ni siquiera una conexión a internet, y seguro que nunca tuvo amigos y familiares que disfrutaron con ella y que ya no están. Esas son las únicas razones que encuentro para disculparla. Si es tan ilusa e inocente como para no tener sentimientos de nostalgia y de culpa entonces sí la disculpo. Si no, lo siento pero debo, desde estas líneas, llamar a las cosas por su nombre y ese no es otro que "cruel". La Navidad es cruel porque nos recuerda cínicamente que no hace ni un año estábamos compartiendo un momento con alguien que ya no está. Es cruel porque no permite que otros momentos del año, más naturales, tengan su protagonismo. Es cruel porque te empuja y te obliga a ser feliz cuando tú no quieres. Es cruel porque si no estás en consonancia con la mayoría de los mortales de tu alrededor eres el bicho raro y se encarga de azuzarlos para que te sientas peor aún. Es cruel porque vuelve cada año a comprobar que todo sigue adelante según su maquiavélico guión. Es cruel porque a la más mínima ocasión que tiene te golpea una vez más. Es cruel porque utiliza sus siervos navideños para hacerte sentir peor. La Navidad es cruel... y lo sabe. Y eso la hace más cruel aún.



         Cruel: Que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos.



Salud y rock and roll.

3 de noviembre de 2013

Tus ojos jamás se cerraron

Nessun Dorma by Jeff Beck on Grooveshark

No conozco, ni creo que vaya a conocer nunca en mi vida, a una persona con una fortaleza tan arraigada en su interior. Y se ha ido. Nunca, y lo digo sin reparo alguno, tuvimos una discusión. Obviamente en algunos aspectos de la vida y el trabajo pensábamos de maneras distintas, hablábamos de ello y nunca, absolutamente nunca, nos enfadamos por ello. Pero se ha ido. Aunque estábamos prevenidos no estábamos preparados para el amargo, áspero y abrasivo trago de estos días. Y finalmente se ha ido. Aunque lo ha hecho, y doy fe de ello, junto a lo que más quería en el mundo: su familia.

Llevo varios días, y no sólo estas desgarradoras últimas horas, teniendo fogonazos en mi cabeza de los muchos momentos compartidos. Estaba yo sentado en una mesa junto a la puerta de la oficina donde sólo hacia unos meses había empezado mi periplo profesional cuando una chica de cara amable, voz suave y porte seguro entró y me preguntó por el nombre de la que sería nuestra futura pseudo jefa. Desde ese momento hasta ahora. No, hasta siempre. Yo siempre la llamé mi compañera, y lo sigo haciendo, aunque ya quisieran muchos mal llamados amigos tener la amistad, el respeto, la confianza, la generosidad, el entendimiento, la solidaridad, la complicidad y el cariño que nosotros hemos compartido todos estos años. Hemos crecido juntos, sí. Y lo digo sin pudor alguno aunque cuando nos conocimos yo estaba a punto de entrar en la treintena y ella llevará unos años disfrutándola. Los dos juntos, codo con codo, fuimos aprendiendo el oficio a la par, atendiendo a nuestros clientes con amabilidad y peleando con abogados con tesón en un mundo ajeno al nuestro pero que conseguimos dominar porque nos teníamos el uno al otro. Yo sabía si una situación era mejor que la gestionara ella y ella conocía, aunque yo no lo supiera, donde podría yo sacar más provecho en beneficio de todos. Nos lo decíamos y punto, a trabajar. Creo que compenetración absoluta es una buena manera de definirlo.

En verano almorzábamos un bocadillo en la playa y volvíamos a la oficina para continuar la tarde. Tal era mi ignorancia en algunos aspectos, y por eso digo que hemos crecido juntos, que cuando cayeron las torres gemelas fue ella, mientras compartíamos una paella, la que me ilustró al respecto. Recuerdo que el primer regalo que me hizo fue un bolígrafo de Disney de su viaje familiar a Orlando. El mío fue un disco de un cantante de soul. Años más tarde, sin aviso alguno, se presentó en una comida con un bolígrafo (ya no de Mickey Mouse) para mí y otro para otro miembro de nuestro equipo. Hemos ido al teatro, a conciertos, a la ópera (mi primera ópera). Hemos reído y hemos llorado juntos.

Generosa y siempre cuidando del niño, que no era otro que yo. Cuando le diagnosticaron su maldita enfermedad yo me encontraba realizando uno de los mejores viajes que he hecho y ella lo sabía perfectamente. Aunque hablamos en alguna ocasión en esos días ella decidió no darme la noticia hasta mi vuelta. Para no estropearme el viaje. Siempre pensando en los demás. Durante todos estos años de dura lucha nunca se despreocupó, ni mucho menos, de su familia. Con la misma fuerza con la que luchó hasta el final contra su destino, y en varias ocasiones ganó, defendía y protegía a su marido, a su hijo y a su hija. Aún no consigo comprender de donde podía emerger tanta fortaleza para llevar tantos y tantos asuntos contra viento y marea. Y en mitad de todo, encima, me ayudó a mí en muchas ocasiones en las cuales mi desconcierto crecía cuando la veía a ella dándome ánimos a mí. En una de esas ocasiones le regalé unos versos robados de una canción que decían:

"Las piernas a mí me temblaron
y tus ojos jamás se cerraron"

Sus ojos nunca se cerraron para ayudar a sus seres queridos, a los cuales tengo el honor de humildemente pertenecer.

Y aunque se haya ido siempre estará aquí. En muchas circunstacias se dice esto mismo y yo incluso lo he pensado en otros momentos de mi vida, pero siento en lo más profundo de mi ser que esta ocasión es distinta. Esta ocasión es especial como lo era ella. Y así como, y perdonad que mi vicio musical se entrometa en estas líneas, Los Secretos siguen dedicando cada concierto a su alma desaparecida hace ya algunos años, cada trabajo finalizado será obra mía y de mi compañera Laura.


Buen fin de semana Laura, nos vemos el lunes. 


30 de julio de 2013

Los Junglatos. Relatos desde la jungla. Hoy: Esta es mi generación

         La siguiente historia trata de las diferencias entre dos generaciones correlativas y la manera de afrontarlas de cada una de las partes. La escribí, una vez más, con el incentivo del diario El País y por ello le doy las gracias ya que puede que de otra manera no me hubiera puesto sobre un papel en blanco (porque antes me enfrentaba a un papel en blanco y no a una pantalla en blanco como ahora) a desarrollar la idea de enfrentar los pensamientos y las actitudes de padres e hijos. El egocentrismo innato en el ser humano le hace pensar que el mundo empezó el día que él mismo nació y por consiguiente acabará el día que él desaparezca. Por eso aunque él como individuo se enfrente a su circunstancia por primera vez, el ser humano como colectivo ya lo ha hecho millones de millones de veces antes que él. Otras ropas, otras leyes, otras lenguas; pero las mismas situaciones. El incidente que viven los protagonistas en la narración es el mismo que viven otros en todas las partes del mundo y el mismo que vivieron otros en todas las partes de la Historia. El mismo planteamiento aunque, quizá, distinto final…


Esta es mi generación

            Volvían cansados. Ella iba al volante pero tenían la impresión de que el Mercedes último modelo que habían adquirido recientemente podría llevarles de vuelta a casa con una simple orden vocal. La cena había sido bastante agradable aunque el tema principal de conversación fuera el de siempre: los hijos. Por supuesto todos eran muy estudiosos, respetuosos, altos y guapos. Si por casualidad uno daba muestras de alguna leve transgresión no era, claro está, el propio. Como mucho confesaban que les habían pillado alguna vez en una mentirijilla excusándolos seguidamente con frases tales como “es que está en una edad muy difícil” o “es que creo que tiene un amiguito (o amiguita) que se las trae”.

            Al pasar por la Plaza Vieja tuvieron que bajar la ventanilla para, no dando crédito a lo que sus ojos les mostraban, descubrir a su retoño sentado en el capó de un coche, con el maletero abierto y despidiendo un ruido estruendoso al que había degenerado la música, rodeado de amigotes, vasos de cubatas y un muy sospechoso cigarrillo entre los dedos. Sabiamente decidieron que sería mejor tener “la conversación” en casa. La noche se preveía larga.

            El pequeño paulatinamente había dejado de ir al cine y al “burger” para directamente quedar con sus colegas en la plaza, siempre en el mismo sitio. Le había costado que sus padres le dejaran de sermonear cada mañana al bajar a desayunar a causa de la importante longitud de su pelo que, al mismo tiempo, le servía para tapar los más de un agujero que tenía en la oreja derecha y que nada más salir de casa insertaba con distintos tipos de pendientes. Aún le estaba dando vueltas a como hacer para que no se notara mucho el próximo que se pondría en una de las cejas. Algún que otro tatuaje trivial decoraba sus brazos. En cuanto al vestuario todo parecía ir al revés: las mangas largas de las camisetas asomando bajo las cortas de verano, los calzoncillos en su lugar pero dejándose ver sobre los cada vez más caídos pantalones. “Un desastre sin ningún tipo de futuro”, mascullaban sus padres a la más mínima ocasión.

            Sus padres habían, si no comprendido, medio tolerado todos estos cambios. ¿Qué podían hacer? Tan sólo les quedaba esperar que el paso del tiempo le hiciera entrar en razón. Pero esto ya era el colmo. Esto no lo podían dejar pasar. El apocalipsis se avecinaba y ellos eran los únicos que se daban cuenta de ello. Su niño se les iba de las manos hacia el oscuro mundo de las drogas. Aunque no salieran, como era habitual, demasiadas palabras de su boca, la comunicación con sus padres tampoco era su fuerte, al menos esa noche escucharía los reproches y castigos de sus progenitores.

            Ya en casa, mientras tomaban una última copa decidiendo quien empezaría la charla cuando llegara el niño, fueron cayendo en la cuenta de algunos pequeños detalles olvidados.

            Realmente el pelo tan largo no era nada del otro mundo, él mismo sin ir más lejos lo había lucido bastante tiempo en su etapa universitaria. Más concretamente cuando su mujer se enamoró de él. Ella había llevado más que un solo agujero en la oreja. Las circunstancias que rodearon la realización del tatuaje con el que él fue marcado en la mili probablemente no difirieron tanto de las que llevaron al chico a hacerse los suyos. Recordaron que les gustaba subir el volumen de los "picús" para así poder bailar más alocadamente. Una sonrisa nostálgica afloró en ambos al pensar en los enfrentamientos que tuvieron en más de una ocasión con “los grises” y, sin saber cómo, los relacionaron con las pintadas que el chico había hecho en los bancos del parque el verano pasado. Varias horas estuvieron encontrando toda clase de paralelismos hasta que resignadamente comprobaron también que un día, al acabar unos exámenes finales, se lo habían pasado en grande fumando unos cuantos porros en el Seat 124 rojo de un amigo del barrio.

            Fue justo en ese momento cuando sintieron la puerta de la casa y apareció su hijo. El hijo del que hasta hace unas horas les separaba un abismo y que ahora sentían, con renovada ilusión, más cerca que nunca.

            -¿Qué pasa? ¿Qué hacéis aún despiertos?


            -Nada hijo, acabamos de llegar.


13 de julio de 2013

Los Junglatos. Relatos desde la jungla. Hoy: "Un buen castigo"

           Este relato lo escribí, como otros, con el acicate de presentarlo a un concurso. Y como viene siendo habitual, obtuvo el mismo éxito que sus predecesores. En esta ocasión el organizador era la tienda Fnac. Se trataba de escribir un cuento que tuviera como base, de alguna manera, una canción. Por esos tiempos devoraba la música y las excelentes letras de Fito Cabrales y, por consiguiente, la elegida terminó por ser “Un buen castigo”. La canción, al menos para mí, y el relato tratan de las drogas y el amor. El personaje principal recuerda lo que ha sido su vida al tiempo que le llegan a los oídos estrofas sueltas de la susodicha tonada procedentes del interior de un garito. ¿Cómo un castigo puede ser bueno? Ariel Rot también adelantaba hace años una “Dulce condena”. Y Antonio Gala en su soneto “A trabajos forzados”, musicado e interpretado por el gran Antonio Vega, abogaba por un “tormento que no acabe” y reclamaba “de acero su cadena”. Siempre amor y, en el caso que nos ocupa, drogas. ¿O es lo mismo?...



Un buen castigo

         El agua de la lluvia resbalaba por su rostro arrastrando a su paso las gotas de frío sudor que manaban de cada uno de los poros de su cuerpo. A esas horas, en ese negro callejón y con la que estaba cayendo, no mucho lo diferenciaba de las grandes bolsas negras de basura que se amontonaban a su alrededor. El doloroso retumbe de la pared en la que apoyaba su cabeza, se volvía música cada vez que alguien abría la puerta trasera del local para tirar la penúltima bolsa de vidrios que se rompían al contacto con los otros sacos.

“Lo he intentado muchas veces
pero nunca me ha salido...”

            Tuvo una infancia fácil, quizá demasiado. Las mejores fiestas de cumpleaños, los mejores regalos, los mejores juegos, la mejor cartera para el colegio, el mejor abrigo. Fue el primero en tener una bici, un ciclomotor, una motocicleta, un cochecito de esos que no sabe uno muy bien si clasificarlos como motos o yo que sé y, ¿cómo no?, un coche. El caso es que también fue el primero en convencer a sus amiguitos para saltarse unas clases y en un rincón secreto del colegio toserse sus primeros cigarrillos.

“...La verdad es que me interesa
sólo porque está prohibido...”

            Luego vino la Universidad, los locos viajes de verano, los porritos, las pastillas, los masteres y el negocio de restauración que papá montó en pleno casco antiguo donde cada noche se daba cita lo mejor de cada casa. Allí la conoció.

            El se divertía conversando con todos sus ilustres clientes, alabando todos sus detalles y riendo cada una de sus bromas. Después de visitar cuatro o cinco mesas se pasaba por la cocina para comprobar que todo estaba en orden y a la vuelta entraba en el baño para recuperar fuerzas esnifando el último descubrimiento con el que ella le había obsequiado. Ella siempre fue más fuerte y poco a poco se fueron dando cuenta.

“...El mejor de los pecados,
el haberte conocido...”

            Las ausencias al trabajo eran cada vez más comunes. Sin darse cuenta había cambiado la coca por el caballo pero, eso sí, fumado. No era ningún asqueroso yonqui con los brazos destrozados que fuera compartiendo agujas y enfermedades con los coleguitas. Estaba en otro nivel y podía permitirse el lujo de quedarse en casa esperando que ella, dudando cada día más si hacía lo correcto, le trajese su billete para el viaje de ese día.

“...Tú no eres sin mí,
yo sólo soy contigo...”

            Decía que controlaba. Ella no estaba tan segura. Hacía tiempo que no se metía nada de esa mierda y a ratos no comprendía como él podía continuar hundiéndose. Antes era divertido. Mucho antes de que después de tener la repetitiva y cansina conversación de siempre la apartara de un empujón, le gritara, cogiera su chaqueta y saliera a “pillar”. Definitivamente ya no era tan divertido, pero ¡lo quería tanto!

“...Yo no sé si mis zapatos
durarán todo el camino...”

            Hubo que vender el negocio. El inagotable grifo familiar hacía tiempo que se había cerrado y sus caprichos no podían esperar ni un minuto. El deterioro físico era cada vez más evidente. Su paso por distintas clínicas no le reportaban el efecto deseado por los pocos amigos que le quedaban. Dejaba de tomar esto y se enganchaba con aquello. Realmente no hacía más que seguir el consejo de su padre de no mezclar para evitar resacas indeseadas.

            Ella, en una mezcla de desesperación, cansancio y rabia, no sabía que más hacer. Su vida no era tal. Se sentía sola. Más de una vez se le pasó por la cabeza irse y no volver, pero ¿qué hubiese sido de él? ¡Nadie quería saber nada al respecto! Y, además, habían estado “viajando” mil veces juntos. De hecho fue ella misma la que en más de una ocasión le invitó a probar cosas nuevas. Se sentía culpable de haber podido salir y él no. De cualquier manera, sabía que en el fondo la única razón para no haber cruzado el umbral con las maletas era que lo quería como nunca había imaginado que se podía querer a una persona.

“...Yo siempre te he “dao” los besos
que tú nunca me has pedido...”

            Esa noche decidió que por una vez en su vida iba a ser el fuerte, iba a tomar el control de la situación, iba a conseguir que su amada pudiera vivir otra vida, disfrutar de otras cosas, de otra gente. Por primera vez salió a la calle con la decisión de hacer algo sólo y exclusivamente por alguien. Él ya no existía.

            Las lágrimas resbalaban sin control por su cara mientras con paso titubeante y desesperado buscaba un lugar discreto donde mezclar por primera y última ocasión su sangre con esa mierda adulterada.

“...Los ojos como el coyote
cuando ve al correcaminos...”

La verdad es que la inoportuna lluvia de esa noche no estaba ayudando mucho a llegar al desenlace previsto. El frío lo espabilaba y en esos momentos de lucidez que tenía le atormentaba el hecho de saberse causante del dolor que durante ese tiempo había causado en tantas personas y que ahora se concentraba sólo en una. La amaba pero le podía el mono. La veía triste, desconcertada y desilusionada pero al mismo tiempo fuerte y decidida. Llevaba mucho tiempo siéndolo por los dos y cada día que pasaba, cada hora que se consumía lo iba siendo más. Más fuerte pero más triste.

            La vida se le escapaba, y en esos momentos llegó a pensar que, en definitiva, no era tan malo. Tendría que haber pasado antes. Se iba yendo con la tranquilidad de dejar descansar al fin a todos los que lo habían querido y soportado, con la convicción de estar saldando una deuda con todos ellos. Empezaba a disfrutar del castigo que sin duda a ella le hubiera gustado imponerle, una dulce condena. Por fin un merecido descanso.

“...Y cuidar de las estrellas

puede ser un buen castigo.”

21 de junio de 2013

Nos sobran los motivos

Para estar juntos ya sabes lo que digo:
En el calor, en el agua, en el abrigo,
en la risa, en el llanto, en el destino,
para estar juntos nos sobran los motivos.

1 de junio de 2013

Los Junglatos. Relatos desde la jungla. Hoy: "Un lugar llamado Vértigo"


Este texto lo escribí para presentarlo a un concurso de relatos que organizó el periódico El País hace unos años. Huelga decir que tras enviarlo nunca más supe de su destino final aunque seguramente acabaría en la papelera de "no reciclaje" de algún ordenador de dicho periódico. Creo recordar que el premio era algo relacionado con la visita del grupo de rock U2 al Estadio Vicente Calderón y por ello el título hace referencia a una de sus canciones. La historia está inspirada en un personaje real, cuyo nombre es real y que estuvo realmente en el escenario que se describe en el texto tras salir huyendo hacia Francia, como tantos otros, al finalizar la Guerra Civil Española. Lo que es ficción es la historia que se cuenta. Aunque ¿quién puede decir a ciencia cierta que, entre tanta gente, no pasara algo, al menos, similar…?
Dedicado a Antoine.

Un lugar llamado Vértigo

            Abrió los ojos y lo que vio le resultó demasiado familiar. Hacía tiempo que había perdido la cuenta de los días que llevaba en aquel lugar. Tumbado sobre la arena, apenas una manta vieja y con un horrible olor a podredumbre lo separaba del suelo y el cielo, observó con fría indiferencia todo lo que le había acompañado en los últimos meses. No sabía cuantos, pero de lo que sí estaba seguro era que no serían muchos más. No podían ser muchos más. Sentía la agradable brisa mediterránea ahora convertida en ártico azote nocturno, notaba la arena que tantos niños habían transformado en imposibles castillos depositada cuando menos incómodamente en cada orificio de su cuerpo, deseaba el agua que veía frente a él y que irónicamente no servía para saciar sed alguna.

            Sin apenas moverse observó y sintió los cuerpos acostados a su alrededor. Era increible como, cada día que pasaba, se iban pareciendo más entre ellos. Labios agrietados, piel quemada, ojos rojos y lagrimados, las ropas cada vez más grandes a causa de la escasa comida y las continuas enfermedades. La vida en aquella inmensa playa rodeada de alambradas de espino no era ni había sido nada fácil para ninguna de las miles de personas que se hacinaban en ella. Gracias a su dominio del francés y a su colaboración en las distintas actividades culturales organizadas por sus compañeros de encierro, Antoine había sabido hacerse con la amistad, respeto y cercanía no sólo de sus camaradas sino también de los guardas y los mandos que gestionaban el campo de concentración.
           
Cruzó su mirada con otra. No entendía por qué pero hacía ya tiempo que despertaban casi simultáneamente. Lo que sí sabía era que ya no volvería a suceder. No volverían a despertar juntos en aquel infierno. Hoy era el día en que se separaban después de tanto tiempo, después de una vida juntos, después de una guerra llena de sufrimiento. Esperando su reacción, no había querido decirle nada sobre su pequeño cambio de planes. No quería darle siquiera la oportunidad de convencerlo de lo contrario.

            A través de sus ojos lagañosos y ensangrentados vislumbró una silueta a contraluz que se paró junto a ellos. Sabía a lo que venía. Él era el único que lo sabía. El guarda pronunció el nombre de su compañero mientras un instante de complicidad se materializaba en una mirada mezcla de tristeza, alegría y admiración entre Antoine y su cómplice. Los dos compañeros se despidieron con lágrimas en los ojos, un abrazo con toda la poca fuerza que les quedaba y el beso más sincero que jamás dieron en su vida. Ambos comprendían que probablemente no se volverían a ver. Además Antoine sabía que su camarada no tenía nada que temer, lo conducían hacia el mejor de los lugares, lo acompañaban hacia la libertad.

            El salvoconducto que Antoine consiguiera para sí, había logrado cambiarlo a favor de su colega. No por un acto heroico, simplemente por pura lógica, él era su compañero. Realmente era su hermano, su hermano mayor. Pero sobretodo y por encima de todo, él era su amigo.

            Al cabo de los años una fría notificación en manos de alguien que día a día había estado esperando y al mismo tiempo deseando que no llegara, confirmaba sus más terribles pesadillas. Antoine había sido entregado por las autoridades francesas a las alemanas y había dado con sus huesos en uno de los más aterradores campos de concentración nazis y, lamentablemente, había fallecido de “muerte natural”.

            Una lágrima mezcla de tristeza, alegría y rabia emborronó las últimas letras de la carta. Había recibido más de lo que nunca podría haber dado. Su amigo le había regalado la vida.

10 de mayo de 2013

Los junglatos. Relatos desde la jungla. Hoy: "Próxima estación Esperanza"


         Este relato lo escribí la mitad en el aeropuerto de Málaga y la otra mitad en un parque de Madrid, hace ya unos años, justo el día en que emprendía con mi pareja el viaje que más nos ha marcado hasta la fecha por varias razones. Recuerdo que se me ocurrió al ver a un personaje muy parecido al que se describe en el texto esperando a subir al mismo avión que nos llevó a la capital esa mañana. Es muy probable, casi seguro, que su vida no tuviera nada que ver con esta pequeña historia que mi mente inventó y que estás a punto de comenzar a leer pero... ¿y si no fuera así?

Próxima estación Esperanza

         Inquieto. La alegría y la euforia que lo inundaba apenas unas horas antes había dado paso a una fría sensación de incertidumbre. Hacía ya bastante tiempo, unos cinco minutos, que había decidido amenizar la espera con la estridente música guardada en su reproductor portátil.

Permanecía inmóvil. Con la mirada clavada en un punto al final del largo pasillo. Ni su pié marcando el ritmo, ni tan siquiera un ligero balanceo de su cabeza se apreciaban en él. De no ser por el cada vez más frecuente, y ya casi reflejo, movimiento de su mano para asir el móvil y comprobar con desánimo que seguía sin haber alguna llamada, hubiera parecido una estatua homenaje al viajero paciente y conformista. Absolutamente inerte.

La dura vida del emigrante forzoso se les había hecho mucho más llevadera desde el momento en el que sus vidas se cruzaron. Ahora podían volver y comenzar a vivir verdaderamente. Se habían despedido hacía sólo unos instantes con la promesa de encontrarse en la terminal internacional del aeropuerto y así emprender juntos dos viajes: uno de vuelta a casa y otro de inicio de sus auténticas vidas.

Su firme intención de no mirar el teléfono hasta el final de cada canción que indiferentemente escuchaba, se diluía dos o tres veces en cada una de ellas. ¿Y si al guardarlo la última vez se apagó por accidente? A lo peor el modo vibración del aviso de llamada se había estropeado en ese momento. ¿Y si en el bolsillo pierde toda la cobertura?

La fila de embarque de su vuelo, que hacía sólo un instante se veía insoportablemente larga, se veía cada vez más corta. Y su tiempo aún lo era más. Las dudas le asaltaban cada vez con más crudeza ¿Realmente quería volver a su país sin ella? ¿Realmente haría bien en quedarse si ella había decidido dejarle ir?

Se desconectó momentáneamente del reproductor de música sin dejar en ningún momento de mirar al principio del pasillo por donde ella no tardaría en aparecer. Eso pensaba él. Eso quería él.

No podía esperar más. La azafata de tierra lo instó varías veces a embarcar y él, desolado y como por inercia, se levantó de su asiento, miró una vez más su teléfono y entregó su documentación a la simpática azafata contestando a su alegre saludo con un inaudible murmullo. Anduvo hacia la puerta del avión. Una última mirada hacia atrás. Bueno, otra más. La última. Nada. “Todo lo que termina, termina mal”, cantaba alguien dentro de su cabeza.

Ya sentado en su asiento y sin dejar de mirar por la ventanilla se le ocurrió que aún había tiempo antes de que la tripulación cerrara las puertas de la aeronave. Pensó que igual paraban el avión en su camino hacia la pista de despegue a causa de una última pasajera rezagada. Quizá entró después que él, o puede que por otra puerta, y estaba en algún asiento en la parte de atrás del avión.

Verdaderamente ha pasado mucho tiempo. Más del que cualquier persona pudiera concebir. Pero aún hoy sigue esperando que un día, seguro que no muy lejano, llame a su puerta el amor, que no hace mucho, sembró en él la dolorosa semilla de la esperanza.

24 de marzo de 2013

Días de lluvia y llantos

Jesucristo Garcia by Extremoduro on Grooveshark

Hace años que llevo dándole vueltas a la opción de escribir unas líneas acerca de un tema y en una fecha concreta, pero cuando llega el momento siempre hasta ahora lo he desestimado por una u otra razón. Unas veces, la verdad, por mi conocida, al menos por mí, vaguera a la hora de ponerme a realizar una de las cosas que más me gusta hacer, escribir. Otras, la mayoría, por pudor, sensación de poder molestar a algunas personas y por respeto a esas mismas personas para que no se sintieran ofendidas por mis palabras. Pero ahora pienso: la opinión en libertad y expresada con educación y respeto no debería ofender a nadie y en caso de que alguien se sintiera incomodado puede expresar su descontento y su propia opinión con la misma educación y respeto. Con esta base y con una buena dosis de honestidad y solidaridad se solucionarían muchos conflictos en este mundo áspero donde vivimos.

Dicho esto entremos a matar saltándonos pases, banderillas y picadores. Se avecinan días de lluvias intermitentes. Días en los que no nos valen las previsiones meteorológicas a grandes rasgos de las noticias de las tres. Días de inexplicables alegrías y no menos inexplicables e irritantes lloros. Llegan días de lluvia y llantos.

Comienza la semana santa con la amenaza del agua a los tronos, imágenes e ilusiones de mucha gente. Gente que durante un año sueñan con procesionar junto a la imagen de la que son devotos para demostrarle su amor y sumisión. La misma agua que durante todo el año es bien recibida por su necesidad para la vida, es objetada y rechazada cuando se presenta inoportunamente antes o durante cualquier procesión. Y es entonces cuando comienza la tragedia. Mujeres vestidas de mantilla negra desconsoladas, niños llorando a lágrima viva, hombres con un nudo en la garganta. Todos extremadamente tristes y preguntando al cielo el por qué de tanta desgracia. Por qué se ceba la mala suerte con ellos. Por qué el mismo dios al que idolatran les niega la oportunidad de sacarlo a pasear por las calles luciendo sus mejores galas, mantos cubiertos de oro, artilugios en plata de ley. ¿Por qué la mala suerte se ceba con ellos si ellos le dan todo a su dios?



Quizá sea por eso. En las preguntas están las respuestas. En caso que exista un dios que nos vigila y nos quiere y nos protege y nos juzga, creo que no le gustaría nada ese tipo de acontecimientos tan pomposos y exagerados mientras sus fieles se olvidan del auténtico significado de estos días y de todos los demás del año. Y mucho menos que se llore por esa razón y después, las mismas personas, vean las noticias diarias repletas de injusticias en el mundo sin inmutarse absolutamente por nada.

Por eso por fin escribo estas lineas. Para manifestar mi opinión cada vez más sopesada que la semana santa no son más que unas fechas en las que hay unos días de fiesta laboral donde una de las muchas opciones para pasar el rato es ver las procesiones que una serie de cofradías organizan con un dinero que seguro que a su homenajeado le parecería excesivo en grado sumo.

“Y perdí la cuenta de las veces que te amé / Desquicié tu vida por ponerla junto a mí / Vomité mi alma en cada verso que te di / Olvidé, me quedan tantas cosas que decir…/… ¿Cuánto más necesito para ser Dios?”


Salud y Rock’n’Roll

Torremolinos, 24 de marzo de 2013

23 de diciembre de 2012

Sí, ya es Navidad

Villancico del Rey de Extremadura by Extremoduro on Grooveshark

            Ya llegó. No sé si por fin pero ya está aquí. Llegan estos días cargados de espumillón alrededor de los cuadros, de villancicos surrealistas, de belenes con figuras humanas desproporcionadas con sus supuestas viviendas, de estrellas fugaces seguidas por tres señores: uno de barba blanca, otro pelirrojo y el último negro con sendos regalos a cual más extraño, de árboles decorados con bolas de colores y una vez más el espumillón rodeándolo todo, de estampas nevadas en plena costa del sol, de pascueros que año tras año intentan sobrevivir con tan solo sus ramitas a la llegada de la siguiente navidad, de felicitaciones sin sentido ni fondo, de calles iluminadas en exceso cual Las Vegas en su apogeo con la única intención de incentivar el consumo comercial, de loterías ilusionantes cuando es el sorteo que menos probabilidad tiene de agraciarte, de mensajes públicos de nuestros dirigentes llenos de hipócrita alegría e ilusión, de celebraciones de llegada de nuevo año como si el día 1 de enero no fuera exactamente igual al día 31 de diciembre, de tradiciones absurdas que no nos paramos a razonar ya que se nos vendría abajo casi toda nuestra existencia, de compras innecesarias para regalar a gente que no las necesita, de comidas obscenamente copiosas cuando sabemos que a la vuelta de la esquina alguien haría lo que fuera por comer la mitad de lo que te sobra en tu plato con filos dorados. En resumen, ha llegado a nuestra localidad el teatro anual de la mentira y la hipocresía. Ya es Navidad en El Corte Inglés.


            Un año más llegan estos entrañables días de paz y amor fraternal entre todos los pueblos del mundo. ¿Todos? No. Más bien casi ninguno porque el país que no está en guerra con otro u otros, lo están sus habitantes y sus familias entre sí. Pero nos da igual. Lo importante es comprar cosas, decirnos de vez en cuando lo afortunados que somos de vivir donde vivimos y la penita que nos dan los negritos del África. Con eso limpiamos nuestras conciencias y seguimos engullendo langostinos como si fueran ambrosía y el verdadero fin del mundo llegara ese mismo día después de las copas y el cava. Si los negritos hubieran inventado el catolicismo (porque no hay que olvidar que estas son unas fiestas católicas le pese a quien le pese y como tales deberían de regirse por un sentimiento real y demostrable de solidaridad, respeto y comprensión para con el prójimo) otro gallo, o mejor otro pavo, les cantaría. Y nos cantaría a nosotros, claro.



            No digo que no haya que celebrar la Navidad. Únicamente pienso que debería de ser más comedida y coherente con la verdadera esencia de la fiesta. Se conmemora el nacimiento de una persona humilde alrededor de la cual se edificó una de las religiones con más seguidores del mundo. Religión cuyos pilares fundamentales son el amor al prójimo, la ayuda a los más desfavorecidos y ofrecer la otra mejilla. Y eso no es lo que yo veo ni en Navidad ni el resto del año. ¿Por qué?

“La vida no me sonríe / me cago en la humanidad. / Hace un frío de cojones / va a llegar la Navidad. / Y si me queda algún diente comeremos turrón. / Me estoy haciendo de vientre dentro del corazón…”

         Salud y rock’n’roll

Torremolinos, 23 de diciembre de 2012

26 de septiembre de 2012

Tumbado a la bartola

Tumbado a la bartola by Siniestro Total on Grooveshark          
         Existen distintos tipos de viajes. Hay viajes de trabajo, también culturales a sitios lejanos y desconocidos, los hay a lugares más cercanos; se hacen viajes saludables y otros no tanto; vacaciones gastronómicas con la intención de degustar un numero indeterminado de manjares locales tanto sólidos como líquidos; trayectos en moto, en avión, en coche, en barco, en tren, en bici, a pie; alojándonos en hoteles con todas las estrellas del firmamento y en pensiones peleadas de esos cuerpos celestes pero que nos sacan de un apuro; hacemos viajes en pareja, con amigos e incluso con algún que otro desconocido que puede llegar a ser lo uno o lo otro; se hacen viajes egoístas la mayoría aunque también los hay solidarios; viajamos para encontrarnos a nosotros y también para reencontrarnos con gente; salimos para alcanzar una meta, para cansarnos, pero también, y este es el más olvidado de todos, para descansar.


          Quizá sean los años, quizá sea el carácter, seguro que es la mezcla de ambos. Hemos descubierto un tipo de viaje que nos encanta a los dos. El viaje de tranquilidad y descanso. Un viaje sin complejos de inactividad porque el hecho de no estar caminando días enteros por ciudades clon de diversas partes del mundo no implica que no tengamos ansias. Probablemente tenemos esas mismas ganas de aprovechar el tiempo que en condiciones normales no disponemos, pero a nuestra manera totalmente distinta a la de la mayoría. Un lugar bonito, un libro, Internet y paseos con mi compañera. Y nada más. Bueno, comida y vino también. Pero ya está.


         Y hemos encontrado ese sitio a mil kilómetros de casa. Pero ahí está. En Camprodón, en el pirineo de Girona, en el Hotelet del Bac. Una antigua masía reconvertida en hotel rural impresionante, en un paraje impresionante, con unas vistas impresionantes y con unos anfitriones impresionantes. Intentar encontrar un calificativo distinto para cada uno de ellos sería separar algo que está en perfecta sincronía. Allí hemos descubierto un nuevo camino de relajación, tranquilidad y solidaridad. Allí hemos tocado el tiempo, saboreado el verde, olido la lluvia, escuchado el silencio y divisado el futuro. Y eso está bien.

“Y aquí estoy tumbado a la bartola / me rasco la barriga y escucho a los Kinks. / Y aquí estoy tumbado a la bartola / no rasco ni bola y leo a Tintín”

         Salud y rock'n'roll.

Camprodón, 19 de septiembre de 2012

3 de septiembre de 2012

Miedo a la oscuridad

Fear Of The Dark (Buenos Aires, Argentina, Ferrocaril Oeste Stadium; Mar 7, 2008) by Iron Maiden on Grooveshark

         Días, meses, años. Ya casi vamos olvidando el tiempo que hace que nos han dicho que la cosa estaba muy mal, aunque nosotros ya lo íbamos sabiendo. Hasta que ellos no nos dicen que hay crisis no la hay, aunque mucha gente la empezaba a sufrir. España ya no va bien aunque los de ahora sean los mismos que en otros tiempos lo decían, pero claro, la culpa es de la herencia dejada por los predecesores y ellos no sabían nada porque aunque estuvieran en la oposición  cobrando por ello al parecer no tenían ni idea de lo que ya estaba cocido. Así de competentes son. O, realmente, así de sinvergüenzas son, mintiendo a todo el mundo, incluso a los suyos, y todos dejándonos engañar. Pero España es campeona de Europa y del mundo. En fútbol, claro. Pan y circo. Y oscuridad. 

         Este ha sido un verano en el que se han hecho realidad algunos de los malos pensamientos que también algunos teníamos pero que por cierto, digamos, instinto de conservación, conservábamos la esperanza de que no se llevaran a cabo. La radio y televisión pública ha vivido unos años de máximo esplendor en cuanto a contenido de calidad; gestión de un ente pensado para todo el mundo y no preso de magnates económicos; y autentica libertad de expresión. Pero la oscuridad se cierne sobre nosotros. Al menos sobre los que nos preocupa el hecho de que nos controlen unos pocos pensando que somos algo así como gilipollas crónicos. 



         Primero fue Ana Pastor (no confundir ni de lejos con la ministra homónima, por favor), periodista a la que invitaron a dejar de presentar y dirigir su programa de seria actualidad matutino, en la televisión pública, la de todos, por el simple hecho de decir las cosas como realmente son y de preguntar a los dirigentes políticos y económicos, nacionales e internacionales, cuestiones embarazosas que a cualquiera que estuviera en ese momento viendo el programa le hubiera gustado hacer. Lo bueno de esta periodista es que lo hacía con todos sus invitados, ya fueran de un lado o del otro. Esto es oscuridad.

         Más tarde cayó Juan Ramón Lucas, también periodista y excelente e imparcial presentador y director del programa estrella de la radio pública, de todos, en la franja matinal. A Toni Garrido le ocurrió lo mismo que a su compañero de las mañanas, en su programa de las tardes de la radio pública, la de todos. Esto es oscuridad. 

         El último en caer ha sido Javier Gallego, el Sr. Crudo para sus oyentes. Oyentes que han hecho que durante los tres años de vida de su programa Carne Cruda de la radio pública, la de todos, reuniera el mayor número de seguidores en la red social caralibro (¡puto Facebook ya!) de todos los programas de la emisora. El Sr. Crudo compartía sus inquietudes musicales y sociales con todos sus oyentes haciéndoles participes del programa e incitándolos a pensar, a revolver sus tripas, a hacer picadillo la realidad sirviéndola en trocitos sangrientos diariamente y a diseccionar micrófono en ristre a todo invitado, de un lado o del otro, que pasara por el mostrador de la carnicería sonora de radio 3. Y por todo ello, y tras dos engaños de la dirección de la cadena, el carnicero se queda sin carnicería. Por hacer bien su trabajo de periodista. Es tan simple como eso. Es tan oscuro. Tan crudérrimamente oscuro. 

         Esta es la oscuridad a la que creía que nunca iba a enfrentarme cuando de pequeño (y no tan pequeño) me tapaba hasta la cabeza en mi cama al apagar la luz. Esta oscuridad es peor porque no es fácil encontrar el interruptor de la luz cuando hay personas que se encargan de desconectarlos continuamente. Esta oscuridad sí me da miedo. 

"Miedo a la oscuridad / Tengo un miedo constante de que algo siempre está cerca. / Miedo a la oscuridad / Tengo fobia de que alguien siempre está ahí"
(Iron Maiden)

         Si quieres saber más sobre lo que esta pasando pincha en el siguiente enlace http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/component/content/article/149-libertad-de-expresion/5231-radio-m-cierra-el-programa-qcarne-crudaqe


         Salud y rock and roll. 

Aldeire, 1 de septiembre de 2012