22 de abril de 2012

Un nuevo día

Seda y hierro by Antonio Vega on Grooveshark

         Dicen, y físicamente es muy cierto, que después de la tempestad llega la calma. Por más que llueva, granice, nieve, cruce una helada ventisca o el cielo se cierre en una oscura noche en pleno día que parezca que va a caer sobre nuestras cabezas, y eso, como diría una famoso galo, a fin de cuentas no va a pasar mañana, al final acaba reluciendo el sol bronceando nuestras pieles y calentándonos el alma. Después de todo eso es lo que pasa pero a veces, afortunadamente muy pocas, la tormenta se alarga y alarga dando la impresión que incluso se eterniza y el camino se hace duro y tortuoso para ti y para los tuyos. Todo acaba. No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Pero puedo asegurar, y mi querida compañera aun más, que en esos malos momentos las horas parecen días, los días semanas y los meses años.

         Han sido muchas semanas de sufrimiento, demasiadas, en las cuales en ciertos momentos creía que yo era el único que los padecía. ¡Qué lejos de la realidad! Mi pequeña siguió junto a mí casi instantáneamente a uno de los momentos más críticos. Me cuidó, me mimó, incluso me levantó cuando volví a caer mientras ella seguía entera por los dos. Por nuestra relación basada en amor mutuo y mucho, mucho más. Aunque yo, mea culpa, lo llegara a dudar. Soy débil. Más débil quizá de lo que creía y todo esto que ha pasado ha sido una buena y durísima lección que aun estoy aprendiendo. Tengo junto a mí a una persona que me quiere por encima de todas las cosas. Puede resultar increíble e incluso rozar la cursilería, pero me lo ha demostrado en los peores momentos que hemos pasado en más de veinte años de vida en común. Y yo no he sabido corresponderla como mis sentimientos, que se escondieron asustados como perros apaleados, hubieran deseado.



         Pero hoy es un nuevo día. El primer día del resto de los días. Y nunca más me permitiré hacerle daño a la persona que más me quiere en este mundo raro y que yo más quiero, necesito y amo en el mismo mundo raro donde vivimos. Hoy es un nuevo día y ha salido el sol.

         Quiero aprovechar para dar las gracias a Diego, Marta, Curro, Inma, David, Laura, Pepe Luis y Mónica por haber estado ahí siempre desde el primer tropezón y no haberse cansado de mí al pegar otro traspié, por haberme escuchado, haberme aguantado, haberme aconsejado y haber confiado en mí en momentos en los que casi ni yo mismo lo hubiera hecho. Gracias eternas, amigos.

         Disculpas, y también gracias, a todos los que sé que de corazón hubieran querido poner su granito de arena pero, aun sabiendo que estáis con nosotros, no hemos querido involucrar, ni yo ni mi Chanin, por un simple pensamiento de que cada uno tiene sus propios problemas y no somos el ombligo del mundo.

         Aunque sé que estos nunca leerán estas palabras me gustaría dar las gracias también a Motörhead, Dio, Kiss, Iron Maiden, Black Sabbath, Rainbow, AC/DC y Barón Rojo porque me han ayudado a desconectar a base de autentico rock and roll cuando mis oídos y mi corazón no podían asimilar otras cosas.

         Por último, y absolutamente el más importante agradecimiento y reconocimiento es para mi chiqui; mi cariño; donde las haya tenaz, mujer de cartas boca arriba, siempre dispuesta a entregar antes que sus armas su vida; mi Ángela; mi mujer hecha de algodón, de seda, de hierro puro.

         Este es un nuevo día y esta es nuestra nueva canción si tú quieres que así sea: "Seda y hierro", como tú.  Te quiero.

         Salud y gracias de corazón.


Torremolinos, 22 de abril de 2012

15 de enero de 2012

Un plan que no nos falle

Nuestra vecina by Loquillo on Grooveshark

         Da vértigo comprobar cómo el tiempo avanza como una apisonadora destruyendo y aplanando cada minuto, cada momento que vives, o mejor dicho, que acabas de vivir. La rueda no para nunca. Continua su camino hasta nadie sabe cuando. Cuando crees que estas viviendo algo importante, o no tanto, te das cuenta que ya ha pasado y que tampoco lo era tanto (importante o no). Puedo asegurar que no me parece tanto tiempo, pero lo cierto es que hace casi tres meses que no me ponía a escribir algo nuevo. ¿Por alguna razón especial? No, simplemente porque, como aquel niño supuestamente mudo del chiste, no tenía nada que decir. No es que ahora esté en posesión de una revelación crucial para el futuro del mundo, pero han acudido a mi cabeza ciertos pensamientos temporales que han hecho que me vuelva a sentar frente a esta, en principio, pantalla en blanco.

         Acabo de comenzar una nueva andadura profesional. Después de más de dos años a la espera de algo que no llegó, surgió una oportunidad de hacer algo por mí mismo y lo hice. Durante todo ese periodo tuve tiempo para mí. Mi ayuda en las tareas domesticas experimentaron un ascenso considerable. Eché una mano en la construcción de un proyecto de unos muy buenos amigos. Leí mucho. Escribí mucho. Caminé mucho. Escuché mucha música. Pensé mucho. Comprendí mucho. Con la única limitación de la incertidumbre económica, me sentía bien. Llegué a pensar que otro camino era posible. Creo que conseguí ubicar a todo el mundo de mi alrededor en su justa posición, sin la turbia y distorsionada visión de las gentes que provoca el estado embriagado de bienestar donde nos movíamos antes del parón. Ahora he comenzado un nuevo camino, parecido al anterior pero con renovados valores y la cabeza clara. Aunque hay algo que no deja de atormentarme levemente ¿Cuándo dejé de escribir? Y la respuesta es aún más dura: justo cuando empecé este nuevo proyecto.



         El tiempo pasa y cuando menos te lo esperes te encontrarás en una residencia de ancianos mirando por un gran ventanal y pensando en lo que has hecho y lo que has dejado de hacer. Si has hecho bien o mal a tal o cual persona. Y sin ninguna otra salida que la que a todos nos espera. ¿Merecen la pena tantas preocupaciones? ¿De verdad todo esto es tan complejo, o somos nosotros mismos los que lo complicamos todo? Vivimos de cierta manera y con ciertas costumbres porque, en el fondo, es lo que los demás esperan que hagamos con nuestras propias vidas. Nos da miedo, o quizá pudor, reconocer cómo nos gustaría vivir porque, no sólo los demás no lo aceptarían, sino que nuestra propia mente plagada de censuras y prejuicios nos frena como un palo en una rueda de bicicleta.

         Pero yo tengo un plan. Ahora sí. El trabajo que estoy desarrollando ahora es tan solo una herramienta para conseguir llevarlo a cabo y no un medio de vida que me sostenga hasta el final. Ahora todo está claro. Tengo un plan para poder seguir ayudando a mis amigos, a mi familia y a mis desconocidos. Tengo un plan para leer mucho, escuchar mucha música, caminar mucho, conversar mucho, pensar mucho, escribir mucho, reír mucho, comprender mucho. Un plan sin rubores absurdos que sólo hacen limitar tu capacidad de soñar. Un plan para mí, mi pareja y todos los demás. Un plan con la única intención y el único fin de… vivir.


“Hay que trazar un plan que no nos falle…/… cuidando hasta el más mínimo detalle”


         Salud y hasta pronto.


Torremolinos, 15 de enero de 2012

1 de noviembre de 2011

Hacia lo salvaje



         Me había ocurrido muy pocas veces. Incluso me atrevería a decir que, afortunadamente, no me ha pasado en casi ninguna ocasión. Pero el otro día sucedió y fue una sensación de esas que te llenan por completo durante días, semanas e incluso meses. De hecho al acabar comienzas a desear que llegue el momento en que experimentes lo mismo y piensas que nunca más volverá a suceder. Pero cuando menos lo esperas, llega.

         Hace unos meses compré unas entradas para ver un concierto de un grupo al cual me quedé con las ganas de explorar en vivo hace unos años. Iban a editar un nuevo disco pocos días antes de la actuación, con lo cual había que conseguirlo y tratar de escucharlo con la mayor atención posible en unos días un poco más ajetreados de lo habitual últimamente. A la primera escucha me pareció bien y posteriormente lo fui teniendo de fondo en casa y en la oficina cuando las circunstancias lo permitían. El caso es que el día señalado no llevaba los deberes bien hechos y además habíamos estado, los cuatro que asistimos al concierto, todo el fin de semana trabajando físicamente en la casa de dos de ellos, con lo cual no íbamos en las mejores condiciones para disfrutar atentamente del espectáculo. Pero fuimos. Escuchamos a unos teloneros que nos hicieron pensar que nos habíamos equivocado en ir debido al cansancio acumulado (aunque ellos en sí no estuvieron nada mal al obsequiarnos, además, con una versión más roquera que la original de “Salitre” de Quique González). Tras la primera canción del grupo principal la cantante anunció que el concierto iba a consistir en tocar todas las canciones del nuevo disco salpicadas de éxitos anteriores. Y a partir de ahí todo fue rodado. Fui de sorpresa en sorpresa al ir descubriendo, en directo, cada canción, cada letra, cada melodía del disco que tantos días había estado oyendo de fondo. Todo perfecto: el sonido, el ambiente, el lugar, las canciones, la banda y la espléndidamente comunicativa, simpática y roquera cantante y autora, junto al guitarrista principal, de esas canciones que me atrapaban en cada nota. Amaral han entrado en mi vida a lo salvaje al cogerme de mis brazos y arrastrarrme hacia lo salvaje de su música en directo.

         Un amigo reciente emprendió hace unos días un viaje poco común. Mochila a cuestas se marchó solo a recorrer medio mundo en medio año con la intención de mezclarse con las gentes que a su paso encuentre en su periplo a través de Asia, Oceanía y Sudamérica. No es un turista al uso, representa el lado más salvaje del turismo.

         Dos buenos amigos comenzaron una aventura unos meses atrás que les llevó a uno de los sitios más distintos y apartados, en todos los sentidos, de sus respectivos lugares de origen. Dos urbanitas en mitad de un pueblo de seiscientos habitantes y tratando de levantar un negocio con más trabas que ayudas. Pero lo consiguieron. Se fueron hacia lo salvaje y lo dominaron.

         Otro gran amigo sufrió hace unos meses en sus propias carnes el lado más salvaje del trabajo. Tras varios años en una empresa dedicándole más tiempo del requerido decidieron prescindir de él sin más explicaciones. 

         Yo mismo, he tenido que embarcarme en una aventura más liviana, todo hay que decirlo, que las anteriores pero que me ha llevado a tomar ciertas decisiones difíciles y tomar las riendas de una situación que comenzaba a ser demasiado salvaje para mi gusto.


         A partir de ahora seguiré mi camino por ese lado salvaje de la vida que son los negocios; mi amigo seguro que conseguirá salir de esa pasiva situación para adentrarse otra vez en la parte laboral más salvaje de nuestra sociedad; mis amigos continuarán con trabajo, tesón e ilusión su proyecto común obviando las necias situaciones que les puedan suceder en ese mundo rural a veces tan salvaje; mi otro amigo volverá de su viaje salvaje a contarnos todo lo que ha descubierto en esos mundos tan diferentes pero que, aunque no nos lo creamos, también existen habitados por personas; y mientras tanto Eva y Juan, Amaral, seguirán tocando esa canción que nos permite soñar y vivir historias de otros, desgracias y alegrías de otros, añoranzas y esperanzas de otros.

“…Y en los árboles escucha / voces de tiempos remotos. / Ha elegido caminar / hacia lo salvaje”

         Salud y hasta pronto.

Torremolinos, 1 de noviembre de 2011

30 de septiembre de 2011

Mirador de Aldeire Hotel





  “Te recuerdo bien, en el Chelsea Hotel”. Así da comienzo una de las más celebradas canciones del poeta y cantante Leonard Cohen. En ella cuenta la historia del inesperado encuentro que él mismo tuvo con la también cantante Janis Joplin en ese transitado hotel de Nueva York. No estaba previsto, no fue nada premeditado por parte de ninguno de los dos, incluso, como confiesa la misma canción, ninguno se consideraba lo suficientemente agraciado para que aquella sórdida reunión tuviera lugar. Pero ocurrió y aún lo canta y lo recuerda el único superviviente de los dos en todos sus conciertos. Todo eso, unido a la discreción y complicidad propia de un hotel hizo que surgiera una historia con visos de legendaria y junto a ella una extraordinaria canción.




         Hoy es el primer día de la nueva andadura de un establecimiento con infinitas posibilidades de albergar entre sus paredes miles de historias más o menos semejantes a la anterior. Pero el principio de las historias de este lugar no se encuentra en este mismo día, ni siquiera hace un buen puñado de meses durante los cuales se ha estado trabajando duro en la rehabilitación y rescate del edificio y su entorno. Han hecho mella el intenso frío y el sofocante calor, la nieve y la lluvia; se han experimentado sentimientos ilusionantes y alguna que otra decepción; la esperanza ha ganado siempre la partida a la desilusión que en algunos momentos difíciles quiso entrar a formar parte del proyecto; han habido promesas cumplidas y tropezones lamentablemente inevitables; noches sin dormir, jornadas laborales de sol a sol, discusiones, decisiones, aciertos y desaciertos; pero sobretodo amistad y fraternidad. El principio de las historias de este nuevo hotel no se encuentra en este mismo día sino en la década de los años cuarenta del pasado siglo, cuando fue construido con la finalidad de ser casa forestal y uno de los centros de coordinación de los trabajos de reforestación que se llevaron a cabo, en todo el Marquesado del Zenete en el actual Parque Natural y Nacional de Sierra Nevada, desde esos años hasta mediados de la década de los setenta.

  Las “casas del monte”, que así es como se le conoce popularmente al edificio, comienza a partir de hoy una nueva andadura como hotel rural moderno con vocación ecológica, divulgativa y sostenible con el medio natural que lo rodea. Dispone de todas las comodidades necesarias para poder convivir y disfrutar con su entorno natural produciendo tantas historias distintas como distintos sean sus huéspedes. Entre pinos y encinas discurren unos atractivos paseos a su alrededor. El frio y nevado invierno se transforma en cálidas tardes al calor de sus chimeneas, y el caluroso verano de otras latitudes, incluso muy cercanas, es allí una agradable y revitalizante brisa veraniega. Excursiones en plena naturaleza o turismo monumental e histórico a través de las villas vecinas son distintas alternativas, nunca reñidas, que harán que las historias vayan entrando y saliendo por sus puertas mezclándose entre sí y constituyendo un poso invisible de entrañable complicidad entre sus desconocidos y anónimos huéspedes.



  En este último día de septiembre del año dos mil once abre sus puertas el Hotel Rural Mirador de Aldeire con la esperanza y la ilusión de poder albergar entre sus muros, y fuera de ellos, historias personales de todo tipo para quizá así alguna de ellas, alguna vez, llegue a protagonizar una buena canción que, es solo una posibilidad, podría comenzar de esta manera: “Te recuerdo bien, en el Mirador de Aldeire Hotel…”

Para Javi, Ana y todos los que les han echado una mano, de cualquier manera y por pequeña que haya sido, en todos estos meses de trabajo.

  ¡Salud amigos!

La Carihuela, 25 de septiembre de 2011


10 de agosto de 2011

La tierra está sorda





         Un día de playa. Un día en una inmensa playa al sur de Francia. Se encuentra rodeado de miles de personas y ninguna es de su familia, que él sepa. Muchos amigos y un número que se le antoja infinito de desconocidos. En cualquier caso todos compañeros. Todos unidos por una misma justa causa los últimos tres oscuros años. Es un lugar y un tiempo donde no debería estar en condiciones normales, si la humanidad fuera más ecuánime y solidaria y menos envidiosa e hipócrita. Es el campo de concentración de la playa de Argelès y es febrero de mil novecientos treinta y nueve.


         Un par de años antes había decidido dejar su buen trabajo y su querida familia en la parte francesa de Marruecos para defender la libertad democrática que algunos habían asaltado y pretendían abolir, por la fuerza, en su país. Estuvo en Madrid. Pasó por el levante español, de donde cogió prestado el nombre a uno de sus pueblitos costeros para llamar así a su próxima hija. Es probable que estuviera en la batalla del Ebro y finalmente salió, derrotado como tantos otros miles, caminando hacía el país vecino. Francia, en la que tenían puestas tantas esperanzas de acogida amable, solidaria y fraternal después de haber luchado tanto tiempo por la libertad, los recibió recluyéndolos como a criminales en condiciones infrahumanas. Una dolorosa recompensa. Gracias a su dominio del francés, consiguió salir de la playa y embarcar en Marsella rumbo a Orán y de allí en autobús hasta su casa. Su esposa y sus, hasta ese momento, dos hijos le esperaban con una extraña mezcla de ilusión y miedo. Ilusión por el reencuentro. Miedo por lo que pudiera haber pasado en esos duros años. Podría haber pasado hambre y frío. Podría haber estado herido o incluso regresado lisiado. Podría haber visto morir a algunos, a muchos. Podría haber matado. Nunca lo sabrían. Para él comenzó otra vida. A su país, al que tanto quería que lo había dejado todo por defenderlo, aún le quedaba lo peor, treinta y siete años de poder absoluto y abusos por parte de los vencedores con la total indiferencia de la comunidad internacional.

         Esta historia real y muy cercana, redactada muy sucintamente en parte por no ser este el marco adecuado y en parte por lamentable desconocimiento, podría ser perfectamente el hilo conductor de una de las canciones que integran el disco que me viene cautivando de manera ascendente estos últimos días. Barricada ha bordado una obra titulada “La tierra está sorda” donde dan voz y altavoces a todas esas anónimas historias que, por pertenecer a los vencidos, se han quedado en el olvido general más de sesenta años. Son canciones que a todos nos sobrecogerían si algunos aún no siguieran empeñados en justificar y aprobar cuatro décadas de gobierno absolutista basado en el miedo y el terror. ¿Cosas buenas? Pues claro. Hasta el más vil y sanguinario de los asesinos en serie no podía dormir en la noche de reyes. Por eso este disco, aunque necesario, igual una parte de nuestra sociedad no está preparada para tomarlo en su justa medida. Una chica que se suicida tirándose por la ventana momentos antes de su obligado bautismo público y ejemplarizante. Trece rosadas menores que son fusiladas una noche de agosto por tener pensamientos diferentes al Régimen. Una carta de despedida emotiva, serena y valiente antes del fusilamiento. Nuestra Iglesia, amparando todos estos crímenes, obsesionada con la falsa y equívoca interpretación del legado de Jesucristo. Exiliados en alpargatas. Recuerdos de besos. Trágicas fugas de penales. El remedio de la cuneta. Y “el peor dolor es no poder compartir el vacío de estas horas”. La tierra está sorda porque a muchos los dejaron mudos dentro de ella.

         Mientras haya personas que no se emocionen con estas historias y le busquen explicaciones y justificaciones seguiremos en peligro. Quizá no de guerra, pero sí de no vivir en auténtica libertad y paz.

“…que no envuelva la sal / la piel de la memoria. / Que la quieren dejar muda, ciega, coja, sorda y rota.”

         Salud y hasta pronto.

La Carihuela, 10 de agosto de 2011